Genial fue la primera palabra que me viene a mi mente cuando pienso en como pasé el fin de semana pasada. El Camino de Santiago fue una oportunidad de reflexionar sobre mi futuro y que quiero hacer después de terminar el programa de Middlebury y además disfrutar el tiempo con la gente a mí alrededor y conocer a mucha más gente. Creo que lo que más me fascinó fueron las historias o las razones que cada uno tenía por hacer el camino y las historias en general de los nuevos amigos y de los mismos compañeros del programa. Ellos me desafiaron pensar más en las razones porque yo quiero hacerlo.

A veces es difícil viajar con mucha gente por el hecho de coordinar todo, ya que te encuentras con conflictos en decidir acerca de detalles del viaje, pero fue así, sino todo lo contrario. Una de las cosas interesantes es que no es un viaje donde se tiene que planear todo, o coger un avión, hacer reservas o seguir un itinerario agobiante. Este viaje es un viaje personal y aunque estés con otra gente y siempre pueden salir percances (por ejemplo ampollas), hay una comprensión común, una unidad de que no tenemos que clarificar. Todos estamos realizando lo mismo pero con fines distintos.

Un momento destacado que recuerdo fue durante la segunda noche en el albergue. Conocimos un hombre que estaba caminando con su hijo. Él empezó a contarnos que tenía seis hijos y que habían empezado en Burgos y nos explicó que quería hacer el camino con cada hijo. Pensaba en que especial es tener un padre que quiere pasar tiempo con su hijo de una manera tan única. Es más común ver padres que no pasan bastante tiempo con sus hijos especialmente cuando tienen más de 13 años. Pero en este caso, vi un padre caminando más que una semana con su hijo de 14 años y disfrutando del tiempo juntos y del desafió físico y mental.

El padre me dijo algo más que me conmovió. Estábamos sentados a la mesa después de comer y todos estábamos impresionados con su cantidad de hijos, preguntamos por su esposa. Nos dijo que para tener éxito con un matrimonio era fundamental la buena relación con los hijos. El segundo consejo para un matrimonio feliz fue una pregunta que teníamos que preguntarnos. Cada mañana antes de levantarse, hay que pensar a si mismo si estás haciendo su marido contento. Pero es más, hay que querer hacer su esposo contento aún si tienes que sacrificar tu propia felicidad. Hay que estar listo para quitar su propia felicidad para satisfacer su marido. Tienes que preguntarte si estás cumpliendo esto cada día y si lo haces, su amor durará.

Creo que la gente con la que te encuentras durante el camino es una de las razones principales por lo cual quiero continuar y terminarlo. Me ha fascinado preguntar a todos de dónde eran y de dónde venían, y sobretodo por qué están caminando. Mi problema es cuando me había preguntado lo mismo, no tenía una respuesta fija. ¿Por qué quiero hacer el camino? Pues, ahora que pienso en ello, hay muchas razones, no solo una, quizás por eso es difícil ponerlo en palabras. Creo que mis razonas abarcan casi todas, me encantan los aspectos deportivos, culturales, espirituales, y por supuesto religioso. Me gusta que no se sepa con quien te vas a encontrar ni a donde vas a comer o aún dormir. Me gusta que se nos de una oportunidad de reflexionar y hacer una búsqueda personal. Nos da la oportunidad de escapar del mundo material y volver a las necesidades que realmente importan. Ahora no puedo resistir la tentación de continuar el camino durante Semana Santa y cumplir mis retos personales y conectar con más gente de una manera única.