Unas vacaciones fuera de lo normal
Nunca he hecho algo como el Camino de Santiago. Nunca me dí cuenta de la profundidad del camino y el mundo que está alrededor de la tradición con los albergues, iglesias, hospitales, restaurantes y todo lo que tiene fundación en el camino. El camino pasa por pueblos que jamás hubiera visto si no fuese por el camino. Conocí gente de todas partes y con motivaciones tan únicas e interesantes. Una mujer había empezado en Francia y estaba a punto de terminarlo todo y otro hombre estaba haciendo el camino al revés y tenía un plan para caminar a China. Nos encontramos con más animales de los que he visto en mi vida. Me encontré en el medio de rebaños de ovejas o en el camino de una manada de vacas de una talla enorme. Me levanté con el canto de un gallo algunas mañanas junto con el ronquido de los otros peregrinos.
Me sentí parte de algo tan único y tan histórico que no puedo explicarlo. Me sorprendió la actitud de todos ante las dificultades del camino y descubrí cuanto me gusta estar sola de vez en cuando para darme la oportunidad de pensar y reflexionar. Muchas veces me encontré en el medio de la naturaleza solita y muy a gusto, disfrutando de las vistas y de la grandeza de Galicia. Que experiencia y que sentimiento al final cuando me di cuenta de que lo terminé a pesar de la lluvia y los charcos que se habían formado en mis zapatos. Me da pena que no pasara más tiempo en Santiago pero realmente creo que saqué lo que quería experimentar del camino y más. Además me da una excusa para visitar Santiago en el futuro. Me da ánimo para terminar el semestre con el mismo entusiasmo y deseo de aprender que tenía durante el camino. ¡Ultrella!
!-->
