EL REENCUENTRO CON MI YO INTERIOR
Durante el camino tuve mucho tiempo para pensar sobre mi vida y compartir experiencias con gente de todas partes. Cada uno de nosotros procedía de un sitio distinto pero todos teníamos un mismo objetivo: llegar a Santiago. Puse mucho esfuerzo para llegar y al final del camino te daban un certificado que garantizaba que había hecho el camino, lástima que me lo dejara en la cafetería de un bar. Estaba tan cansada que no me di cuenta de que lo había olvidado. Cuando me acordé ya estaba en el bus camino a casa. Suerte para mí que alguno de mis compañeros todavía seguía por allí y pudo ir a buscarlo. Mucha gente en el bus de vuelta a casa me preguntaba cuales eran mis motivos para hacer el camino. En realidad no hay un motivo concreto, simplemente me apetecía reflexionar sobre mis creencias y tomar un descanso de la vida corriente, compartir una experiencia con mis compañeros y aprender de la gente que encontrabas en el camino. Cada uno tiene un modo particular de ver la vida y siempre sacas algo bueno de las historias que cuentan. No todos los que iban hacia Santiago lo hacían por motivos religiosos, algunos simplemente lo hacían por vivir una experiencia personal, es una oportunidad para hacerte reflexionar sobre muchas cosas y de ver mundo. La gente que hacía el camino era muy amable, todos nos ayudábamos y si te perdías siempre había gente que te indicaba el camino correcto, como en la vida real. Ahora bien, en la vida real a veces las flechas son más difícil encontrar y no siempre están subrayadas en amarilla.
